En aquel entonces, su descubrimiento todavía no tenía nombre. Ella consideraba que era el restablecimiento de la práctica del cristianismo primitivo con “las señales que le siguen”. Al principio llamó a su sistema “Ciencia Moral”, para destacar su naturaleza mental. Con el tiempo llamó a la religión “Christian Science”, para destacar su carácter cristiano. Posteriormente escribió:
“La llamé Cristiana porque es compasiva, útil y espiritual. A Dios lo denominé Mente inmortal. A lo que peca, sufre y muere, lo llamé mente mortal. A los sentidos físicos, o naturaleza sensoria, los llamé error y sombra. Al Alma la denominé sustancia, porque sólo el Alma es verdaderamente sustancial. A Dios lo caractericé como entidad individual, pero negué Su corporeidad. A lo real lo proclamé eterno; y a su antípoda, o lo temporal, lo describí como irreal. Al Espíritu lo llamé la realidad y a la materia, la irrealidad”.
Retrospección e Introspección, pág. 25:11-19
Ella insistía en que las curaciones que experimentaban un número cada vez mayor de pacientes no era sino la antesala de la regeneración moral y el crecimiento espiritual. Ella escribiría:
“El sanar las enfermedades físicas es la mínima parte de la Ciencia Cristiana. Eso sólo constituye el toque de clarín para el pensamiento y la acción, en la esfera más alta de la bondad infinita. El propósito esencial de la Ciencia Cristiana es la curación del pecado; y esta tarea a veces puede ser más difícil que la curación de las enfermedades; porque, aunque a los mortales les agrade pecar, no les gusta estar enfermos”.
Rudimentos de la Ciencia divina, págs. 2–3:25–2
(NOTA: Para comprender más plenamente la religión de la Ciencia Cristiana, consulte el libro de texto de la Ciencia Cristiana: Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras y otros escritos por Mary Baker Eddy, así como las publicaciones periódicas y los libros publicados por La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana, en venta en las Salas de Lectura mantenidas por las iglesias de la Ciencia Cristiana alrededor del mundo.)