Annie M. Knott: Una soldada valiente

Annie Macmillan Knott, hacia el año 1918. De la colección del Museo Longyear.
March 06, 2017

Note: This article was translated on behalf of our Spanish readers. Click here to read the original 2016 article in English.

Annie Macmillan Knott probablemente no se propuso ser una pionera y modelo a seguir. Al crecer en la segunda mitad del siglo XIX, su vida estaba en camino de seguir una trayectoria más típica de su época — la de esposa, madre y ama de casa.

Sin embargo, otros planes le esperaban.

“Me alegro que usted es la primera mujer Directora”, escribió Laura Lathrop en marzo de 1919, cuando se enteró de la noticia de que la señora Knott había sido elegida para formar parte de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana. “Usted se ha ganado la posición por largos años de labor fiel, los cuales le han preparado muy bien para ello. He sentido desde hace mucho tiempo que la mujer no tomaba el lugar justo que le corresponde en La Iglesia Madre, y yo sabía que el paso que acaba de tomar usted era inevitable”.[1]

La señora Lathrop, que al igual que la señora Knott era una experimentada practicista y maestra de la Ciencia Cristiana, así como una estudiante de Mary Baker Eddy, no fue la única mujer motivada por el nombramiento de la señora Knott.

“No conozco a nadie que esté más completamente equipado para este labor inefablemente importante”, le dijo Frances Thurber Seal. “Durante años he orado para ver a una mujer en esta Junta Directiva, y las palabras no pueden expresar mi alegría por el cumplimiento de este deseo. Nosotros, que le conocemos y amamos (y somos una legión) sabemos que esta es una demostración divina….”[2]

Sin embargo, el camino que llevó a Annie Knott a la Junta Directiva de la Primera Iglesia de Cristo, Científico, no era un camino fácil. Había obstáculos y contratiempos en el camino, algunos de ellos desgarradores. Se requería de ella gran coraje, así como una fe inquebrantable en Dios. Afortunadamente, ella estaba bien equipada con ambos.

Criada en Escocia y Canadá por devotos padres presbiterianos, su conocimiento temprano de las Escrituras le fue muy útil a la señora Knott durante una serie de años a que más tarde se referiría como “mi lucha larga y sombría”.[3] Como mujer joven, se apoyó en la Biblia en repetidas ocasiones cuando ella se enfrentó a una sucesión de dificultades, de la enfermedad dolorosa y la muerte de su querido padre, quien había compartido con ella su amor por la Palabra de Dios,[4] a sus propios ataques severos de mala salud, a la trágica pérdida de su bebé. A través de todas estas experiencias dolorosas, señaló, “Aunque amada y reverenciada, la Biblia era un libro cerrado, por lo que se trataba de la liberación del sufrimiento”.[5] Y, sin embargo, permanecía una fe inquebrantable — “una convicción clara”, según sus propias palabras — "que sin Dios la vida es imposible, así esperé más luz”.[6]

Con el fallecimiento de su padre, “vino un profundo deseo de dedicar toda mi vida a ayudar a los enfermos, plenamente convencida de que Dios debe tener una manera de ayudar a Sus hijos, si solo se pudiera encontrarla”.[7] La joven Annie decidió hacerse médica.[8] Ese deseo sincero de ayudar a los demás, con el tiempo llegaría a dar frutos, aunque no en la forma en que ella lo planteó originalmente. En la última instancia, Annie Knott se encontraría ayudando a los enfermos y afligidos con la medicina de la Mente, no con la materia, por medio de su trabajo como practicista de la Ciencia Cristiana.

En 1876, se casó con Kennard Knott, un inglés que vivía en Ontario. Al año siguiente nació una hijita, y en 1878 la joven familia se trasladó a Londres, donde pronto nacieron otra hija y un hijo. Cuando aun era muy joven, su hijo se enfermó gravemente. “De nuevo había el veredicto, sin ayuda, a partir de los mejores médicos”, la señora Knott recordó después del fallecimiento de su hijo.[9] Casi dos décadas después, mirando hacia atrás en este episodio desgarrador, ella reflexionó que “toda la experiencia triste preparó el camino para la aceptación de la Ciencia Cristiana….”[10]

En 1882, después de cuatro años en el extranjero, la familia Knott regresó a América del Norte y se establecieron en Chicago, donde otro hijo nació al año siguiente. Fue en este momento que la señora Knott por primera vez se enteró de la religión que cambiaría el curso de su vida.

“Cuando la Ciencia Cristiana por primera vez llamó mi atención, fue con la sorprendente afirmación de que estas personas afirmaron sanar a los enfermos por el mismo método que practicaron Cristo y sus apóstoles”, dijo ella. “A pesar de que las palabras fueron pronunciadas con desdén, ellas encendieron de nuevo mi esperanza y fe vacilantes con el deseo ardiente de que ellos pudieran estar en lo cierto….[11] Lejos de aceptar la Ciencia Cristiana al instante, sin embargo, ella luchó inicialmente con “orgullo, prejuicios, y dudas… Pero el propósito de Dios jamás puede estar obstaculizado, y yo estaba buscando y llamando, y en un momento de suprema agonía se abrió la puerta”.[12]

Ese momento llegó cuando, por accidente, su pequeño hijo ingirió ácido carbólico. El shock del incidente, dijo la señora Knott, “amenazó con aplastar mi corazón”[13] — no es difícil imaginar, dada la pérdida de su otro hijo solo unos pocos años antes.

“La siguiente media hora sería demasiada dolorosa recordar si no fuera que este evento hoy permanece en mi memoria como la entrada en la Vida”, la señora Knott anotó. Los médicos le dieron pocas esperanzas a la recuperación del niño, y “como la materia médica no tenía nada que ofrecer, entonces busqué a Dios a través de la puerta abierta de la Ciencia Cristiana”.[14]

Llamaron a unos amigos — unos Científicos Cristianos — y la curación del niño fue rápida y completa mediante la oración, y se logró dentro de veinticuatro horas.[15]

“¿Qué palabras podrían describir la bendición de esa hora?” comentó después la aliviada y profundamente agradecida madre. “No fue solo el niño devuelto a la vida, sino que todas las esperanzas y oraciones de los primeros años habían llegado a una mañana de resurrección. La Biblia era verdadera, ni una palabra de sus buenas promesas falló, por fin Dios fue visto, y visto como el Amor”.[16]

A partir de ese momento, Annie Knott nunca miró hacia atrás. Ella comenzó de una vez a estudiar profundamente Ciencia y Salud con Llave de las Escrituras por Mary Baker Eddy, y a pocos días de la recuperación de su hijo, ella empezó a sanar a otros.

Había más pruebas por delante, incluyendo el abandono de su marido de la familia. La señora Knott tomó instrucción en clase de uno de los estudiantes de la señora Eddy, y en 1885, ella y sus tres hijos se trasladaron a Detroit, donde su nueva práctica de curaciones prosperó.

La señora Knott viajó a Boston en febrero de 1887 para tomar instrucción en una clase normal con la señora Eddy en el Colegio Metafísico de Massachusetts. Una década después, hablando de la labor de su maestra en esta capacidad, la señora Knott comentó, “ella envió muchos soldados valientes, dispuestos a luchar contra toda forma de opresión y tiranía…”[17]

Ella podría haber estado hablando de sí misma.

Como una “soldada valiente” para la Causa de la Ciencia Cristiana, el carácter de Annie Knott se pondriá a prueba una y otra vez. Por ejemplo, después de tomar un curso de obstetricia con la señora Eddy en 1888, su maestra le pidió empezar a ofrecer los servicios dominicales en Detroit, y predicar en ellos.

Menos de cinco pies de altura y muy tímida de hablar en público, esta solicitud le dio pausa a la señora Knott (“la primera vez que intentaras eso, probablemente serías llevada en un postigo antes de que el servicio terminara”, fue su primer pensamiento, ella luego admitió a un amigo).[18] Resuelta a ser obediente a las instrucciones de su Líder, sin embargo, la señora Knott superó su miedo. Los servicios dominicales iniciales florecieron, y una década después, el domingo 13 de febrero de 1898, Annie Knott, que por aquel entonces se desempeñaba como Primera Lectora, dio el discurso dedicatorio de la Primera Iglesia de Cristo, Científico, en Detroit. Fue la primera iglesia de la Ciencia Cristiana a abrir sus puertas en el estado de Michigan. Estaba incluída en su discurso inspirador esta frase: “Son pocos los que niegan que esta sea la hora de la mujer, cuando se pone de pie al lado del hombre, no para reemplazarlo, sino para ser uno con él en la religión, y de ahí en todas las cosas inferiores a causa de la igualdad espiritual”.[19]

Primera Iglesia de Cristo, Científico, Detroit, fue el resultado de la obra pionera de Annie Knott en Michigan. La Biblioteca del Congreso.

Mientras que ella estaba hablando de la señora Eddy y la Ciencia Cristiana en el momento, de nuevo la señora Knott podría haber estado hablando de sí misma. En repetidas ocasiones ella sería llamada a demostrar ese nivel de “igualdad espiritual”, incluso durante un período de años entre 1890 y 1898, cuando representó a los Científicos Cristianos en la asamblea legislativa de Michigan.[20] Este trabajo fue asignado más a menudo a los hombres — tal vez debido a su naturaleza turbulenta — pero aunque Annie Knott era una mujer de baja estatura, su tenacidad era más grande que la vida. Cuando se propuso una legislación que habría restringido o declarado ilegal la práctica de la Ciencia Cristiana en algún momento en el invierno de 1896 a 1897, la señora Knott viajó a Lansing y se encontró frente a la Cámara de Representantes. “Nunca había tenido en absoluto la intención de hablar y sólo lo hice porque parecía una exigencia de la Verdad”, ella explicó más tarde de su argumento ardiente en favor de los derechos constitucionales de los Científicos Cristianos.[21]

Su coraje venció, y el proyecto de ley falló.

“Querida”, la señora Eddy le escribió al oír las noticias, “los escoceses que con Wallace sangraron” — tienen una fuerza moral innata. Gracias a Dios, y a mi fiel Annie por esta defensa valiente y justa de la Ciencia Cristiana”.[22]

La señora Eddy pronto tendría más trabajo para su “fiel Annie”. En 1898, nombró a la Sra. Knott como una de sólo dos mujeres en la recién formada Junta de Conferenciantes.[23] Durante los siguientes cinco años, la señora Knott serviría como una “embajadora de la verdad”, como ella lo llamó, entrecruzando el Medio Oeste y más allá.[24] La nueva tarea tuvo un comienzo difícil, sin embargo, debido a muy pocas solicitudes de sus servicios.

“Incluso amigos personales que eran miembros de iglesias de la Ciencia Cristiana me escribieron diciendo que, mientras tendrían ganas de oírme, la gente en general prefirió tener un hombre como conferenciante”. La señora Knott le dijo todo a su maestra al año siguiente, describiendo los prejuicios que se enfrentaba.[25]

La Sra. Eddy respondió enfáticamente que “no valdría aceptar ese argumento” — y dejó claro que era el trabajo de la señora Knott “tener exito” en su tarea. Luego añadió, “Debes elevarte a la altura de la verdadera condición de la mujer, y entonces todo el mundo va a quererte como quieren a Madre”.[26]

La señora Knott de nuevo fue obediente a la instrucción de su Líder, con el resultado de que ella pronto tenía muchas solicitudes para dar conferencias — “y además”, comentó más adelante, “[Yo] sentí la inspiración de la Verdad para aceptar estas sin miedo y para demostrar que una mujer puede declarar la verdad y curar a los enfermos, igual que un hombre”.[27]

El próximo período de servicio de la señora Knott la llevó a la sede del movimiento de la Ciencia Cristiana. En el verano de 1903, la señora Eddy recomendó que se nombrara como editora asociada de las revistas de la Ciencia Cristiana.

“Cuando la señora Eddy llamó a cualquiera que viniera a Boston, esto tuvo prioridad sobre cualquier otra consideración, y se esperaba una respuesta rápida”, la señora Knott le dijo a un estudiante algunos años más tarde. “Cuando me llamaron aquí, estaba lejos de ser agradable a mi sentido humano, puesto que Detroit era tan querido para mí, y tenía un gran número de amados estudiantes allí, además es donde se estableció mi trabajo”.[28]Como esta determinación, escrita a mano, atestigua,
los miembros de Primera Iglesia de Cristo, Científico,
Detroit, sentían tanta renuencia en dejar salir a
Annie Knott como ella sentía en dejarlos. Sin embargo,
reconocieron una llamada del deber, y la entregaron
con esta nota magnánima: “Reflejando la obediencia
que ella nos ha enseñado por medio de precepto e
ejemplo, en esta hora nos alegramos mucho de compartir
con la Causa entera la que tanto nos ha enriquecido”.
De la colección del Museo Longyear.

Una vez más, sin embargo, la señora Knott no dudó en obedecer, y dentro de los 10 días estaba colocada en una nueva ciudad y con nuevo trabajo.

El trabajo fue exigente. “Se esperaba que escribiera un editorial para el Sentinel cada semana, uno para el Journal una vez al mes, examinar cuidadosamente todos los manuscritos que se enviaron… y había una cantidad muy considerable de correspondencia con todo el campo implicado en el trabajo editorial”, la señora Knott explico más adelante.[29]

Reflexionando en esa tarea, no obstante, ella le dijo a un estudiante, “Yo no habría perdido esta experiencia por nada en el mundo”.[30]

En 1904 se agregó un nuevo puesto: el Comité de la Lección Bíblica. “Creía que podrías disfrutar de esta posición y considero que estás bien adaptada a ella”, la señora Eddy le escribió a ella.[31] Siguieron otras tareas, incluyendo la enseñanza de la clase de estudiantes de edad universitaria en la Escuela Dominical de La Iglesia Madre, también por petición de la señora Eddy. Mientras tanto, la señora Knott continuó a dedicarse a su escritura y trabajo de redacción con todo corazón. Sus artículos y editoriales llegaron a muchos corazones, incluyendo el de un humilde granjero de Maine que viajó a Boston un día con el propósito especial de ver a la señora Knott.

Cuando él llegó a su despacho, ella estaba sentada en un taburete alto en un escritorio, editando el manuscrito de una de las publicaciones periódicas. El hombre se quedó allí con el sombrero en la mano, “mirándola con el más profundo respeto en todo su rostro serio”, la secretaria de la señora Knott relató más tarde.[32] Un tanto desconcertada, la señora Knott consideró su posición incómoda, preguntándose cómo podría bajarse con gracia del taburete para saludarlo. El granjero rápidamente le pidió a no interrumpir su trabajo. Él le preguntó si podía quedarse allí por un rato y mirar a la persona que escribió los artículos que tanto amaba.

La señora Knott nunca se había sentido tan alabada.

“Sin duda, muchos en el Campo sintieron lo mismo que este hombre”, reflexionó más tarde su secretaria. “La conocían a través de lo que escribío, de su corazón, de su rica experiencia y de su asociación con la señora Eddy. Muchos la consideraron como lo harían con un amigo cercano. Para ellos era ‘Annie Knott’. Era su gran amor que fluía de su pluma hacia todos con imparcialidad”.[33]

Annie Knott hacia el año 1918: “Era su gran amor que fluía de su pluma hacia todos con imparcialidad”. De la colección del Museo Longyear.

Dieciséis años y unos novecientos editoriales más tarde, Annie M. Knott quebró el techo de cristal una vez más. El 17 de marzo de 1919, fue elegida a servir en la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana. Ella fue la primera mujer en servir en esta capacidad. Una vez más, la “valiente soldado” se armó de valor y aceptó el desafío de demostrar la igualdad espiritual de que había hablado hace veinte años.

“Mientras me encogí de las responsabilidades asociadas con este paso hacia adelante”, ella admitió, “parecía que la obediencia era la necesidad de la hora, y respondí inmediatamente”.[34] Algunos años después, ella le dijo a un estudiante que su experiencia como miembro de la Junta Directiva “significó más para mí que cualquier otra cosa desde mi infancia”.[35]

Annie M. Knott y otros miembros de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana, en 1926. De izquierda a derecha: George Wendell Adams, la señora Knott, James A. Neal, William R. Rathvon, y Edward A. Merritt. De la colección del Museo Longyear.

El puesto no era para los tímidos de corazón. Poco después de asumir esta nueva posición, un comisario apareció en la puerta de la señora Knott para citarla con una órden de comparecencia. Ella estaría entre los testigos para estar presentes en el tribunal, en el litigio que acababa de ser presentado por el Consejo de Administración de la Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana contra la Junta Directiva. Estaba en juego la autoridad del Manual de la Iglesia Madre, y el control de las publicaciones de la Ciencia Cristiana, incluso los escritos de Mary Baker Eddy.[36]

La señora Knott fue llamada a declarar en la tarde del 30 de julio. Su testimonio hizo referencia a una visita que ella y otras siete mujeres — todas habían graduado de la clase normal del Colegio Metafísico de Massachusetts — tuvieron con su maestra en octubre de 1892, poco después de la reorganización de la iglesia como La Primera Iglesia de Cristo, Científico. Durante su conversación de dos horas, la señora Eddy había hablado con sus estudiantes acerca de sus intenciones con respecto a la organización de la iglesia, y la “imposibilidad de tener La Iglesia Madre controlada por los votos de los miembros, puesto que estarían en todas partes del mundo”.[37] Ella les habló de su trabajo con los abogados y su insistencia en que la forma de organización que propuso — “que es, La Iglesia Madre gobernada por una minoría”, como explicó la señora Knott al tribunal, fue posible.[38]

En esta foto de un periódico del despacho de Annie Knott durante su servicio en la Junta Directiva, se puede ver el cuadro de Briton Rivière, titulado “La respuesta de Daniel al Rey”, colgado en la pared de su escritorio. La señora Eddy tenía esta misma obra de arte enfrente de los pies de su cama en su residencia cercana, 400 Beacon Street en Chestnut Hill. Ambas mujeres se enfrentaron varias experiencias “en la guarida de los leones”; quizás la señora Knott se armó de valor por inspiración de la imagen, así como lo hizo la señora Eddy. Véase más en el articulo titulado “Imagenes del pensamiento” en el Informe a los miembros. De la coleccion del Museo Longyear.

El litigio se prolongó por más de dos años y medio. Por fin, el día antes de Acción de Gracias de 1921, el veredicto fue dictado por el Tribunal Supremo de Massachusetts que dictaminó decisivamente a favor de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana y la autoridad del Manual de La Iglesia Madre.

Un mes antes en un discurso, Annie Knott tenía esto que decir acerca de sus compañeros en la Junta Directiva:

Quiero hacerles saber qué hombres espléndidos tienen ustedes en la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana. Nunca en todos los años de mi experiencia en la Ciencia Cristiana he conocido la libertad mental y espiritual que he experimentado en mi estrecha asociación con ellos; y para mí, no es nada personal. Es la promesa y la profecía de lo que espera la condición de las mujeres cuando los hombres, iluminados espiritualmente, trabajan con las mujeres para la elevación de la humanidad. Quiero que todos ustedes estén agradecidos por su trabajo en los últimos años, y por su reconocimiento de la participación de la mujer en este movimiento. En primer lugar, y lo que es más importante, en su devoción y sus esfuerzos valientes para obedecer todas las enseñanzas de nuestra querida Líder, y también por su amabilidad y consideración de mí misma como una compañera de trabajo, como representante de las otras mujeres de este movimiento.[39]

Tras la resolución de otra recusación judicial a la autoridad de la Junta Directiva que se anunció en 1924,[40] William McKenzie escribió a la señora Knott: “Desde la primera reunión, cuando en 1919 fui invitado a visitar la nueva Junta Directiva, nosotros, los que amamos la Causa, hemos reconocido que usted estuvo en su lugar justo. Ahora viene la confirmación externa y la pasada guerra ha terminado, la batalla es ganada...”[41]

Annie M. Knott permanecería en la Junta Directiva hasta su jubilación en 1934, y continuaría practicando y enseñando la Ciencia Cristiana hasta su muerte en 1941. En total, esta “valiente soldada” pasó casi 60 años en la primera línea del movimiento de la Ciencia Cristiana, inspirando a hombres y mujeres a través de su valiente ejemplo, su trabajo de curación, sus escritos, y su obediencia fiel a las enseñanzas y la instrucción de su Líder, Mary Baker Eddy.

 

 

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[1] Laura Lathrop a Annie M. Knott, 18 de marzo de 1919, colección privada.

[2]
Frances Thurber Seal a Annie M. Knott, 24 de marzo de 1919, colección privada.

[3]
Annie M. Knott, “Conferencia de la Sra. Annie M. Knott”, The Christian Science Journal 17 (junio de 1899): 156.

[4]
Del ánimo espiritual de su padre, la Sra. Knott escribió: “Nada puede borrar la memoria de aquellos días tempranos cuando un padre tierno hizo todo lo que podía un padre terrenal para avivar el fuego sagrado de la fe y la devoción religiosas, y sobre todo para enseñarme a amar la Santa Biblia al asociarla con todo lo que es maravilloso en la historia humana y sus logros”. Annie M. Knott, “Recuerdos”, The Christian Science Journal 18 (febrero de 1901): 679.

[5]
“Conferencia de la Sra. Annie M. Knott”, The Christian Science Journal.

[6]
ibíd.

[7]
“Recuerdos”, The Christian Science Journal.

[8]
We Knew Mary Baker Eddy, Edición ampliada, primer tomo (Boston: La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana, 2011), 157.

[9]
“Recuerdos”, The Christian Science Journal.

[10]
“Conferencia de la Sra. Annie M. Knott”, The Christian Science Journal.

[11]
ibíd.

[12]
ibíd.

[13]
“Recuerdos”, The Christian Science Journal.

[14]
ibíd.

[15]
We Knew Mary Baker Eddy, 159.

[16]
“Recuerdos”, The Christian Science Journal.

[17]
“La dedicatoria de la iglesia en Detroit”, The Christian Science Journal 16, (abril de 1898): 16.

[18]
“Respondieron a la llamada: Annie M. Knott”, The Christian Science Journal 108 (julio de 1990): 16. La Sra. Knott también escribe que, al final de su conversación con la Sra. Eddy sobre esta labor de predicar, su maestra le tomó la mano y dijo: “Ahora bien, ¿harás lo que te he dicho?” Cuando la Sra. Knott respondió “Voy a intentar”, la Sra. Eddy replicó que eso no era suficiente — que no simplemente debe intentar sino hacerlo”. “Y claro”, anadió la Sra. Knott, “la única respuesta adecuada fue decir ‘¡Sí!’” We Knew Mary Baker Eddy, 177.

[19]
“La dedicatoria de la iglesia en Detroit”, The Christian Science Journal.

[20]
Este trabajo quedaría más tarde en el ámbito de competencia del Comité de Publicación. Mary Baker Eddy, Manual de La Iglesia Madre 97-101.

[21]
We Knew Mary Baker Eddy, 188.

[22]
Mary Baker Eddy a Annie M. Knott, 10 de mayo de 1897, L04745, © La colección Mary Baker Eddy, La biblioteca Mary Baker Eddy, Boston, Massachusetts.

[23]
Sue Harper Mims, de Atlanta, Georgia, fue la otra mujer nombrada a la primera Junta de Conferenciantes.

[24]
“Conferencia de la Sra. Annie M. Knott”, The Christian Science Journal.

[25]
We Knew Mary Baker Eddy, 191.

[26]
ibíd.

[27]
ibíd., 192. Gracias a su trabajo pionero como practicista de la Ciencia Cristiana, así como el de maestra, conferenciante, predicadora, y más tarde, Primera Lectora, en 1900 Annie M. Knott fue invitada por el alcalde de Detroit a participar con otros ciudadanos de renombre — la mayoría de ellos, hombres — en un proyecto de escribir cartas que estarían incluídas en “La caja fuerte centenaria de Detroit”, una cápsula del tiempo que quedaría sellada hasta el año 2001. Para más información, véase Rosalie E. Dunbar, “Through a time capsule, the past speaks to the present,” Christian Science Sentinel 103 (19 de marzo de 2001): 18.

[28]
Annie M. Knott a Helen France, 19 de diciembre de 1924, citado en el discurso de Helen France. La colección del Museo Longyear.

[29]
Procedimiento en equidad 1919-1921 con respecto a la escritura del fideicomiso de 25 de enero de 1898 que constituye La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana (Boston: La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana, 1921), 645.

[30]
Annie M. Knott a Helen France, 19 de diciembre de 1924, citado en el discurso de Helen France. La colección del Museo Longyear.

[31]
Mary Baker Eddy a Annie M. Knott, 9 de abril de 1904, L04752, La biblioteca Mary Baker Eddy. La Sra. Knott serviría en el Comité de la Lección Bíblica hasta 1918.

[32]
El discurso de Helen France. La colección del Museo Longyear.

[33]
ibíd.

[34]
We Knew Mary Baker Eddy, 199.

[35]
Annie M. Knott a Helen France, 19 de diciembre de 1924, citado en el discurso de Helen France. La colección del Museo Longyear.

[36]
We Knew Mary Baker Eddy, 199.

[37]
Procedimiento en equidad, 644.

[38]
ibíd. Para más detalles sobre la visita que hizo Annie Knott con la Sra. Eddy, véase We Knew Mary Baker Eddy, 179-183. En una presentación a los Comités de Publicación de la Ciencia Cristiana en octubre de 1921, un mes antes que el veredicto fue emitido por el tribunal, el co-miembro de la Sra. Knott en la Junta Directiva, Adam Dickey, habló en más detalle sobre el tópico del gobierno de la iglesia, el papel de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana, y el Manual de La Iglesia Madre, comentando: “Se ha preguntado ‘¿No es extraño que la Sra. Eddy puso el gobierno de La Iglesia Madre en manos de cinco personas?’ Los Científicos Cristianos no comprenden que lo hizo ella. Lo que hizo fue poner el gobierno de La Iglesia Madre en los reglamentos. La iglesia no es gobernada por personas; es gobernada por el Principio por medio de los reglamentos en el Manual”. Su discurso fue reimprimido más tarde con el título “La Iglesia Madre y el Manual”, The Christian Science Journal 40 (abril de 1922): 1. Para más información sobre la reorganización de la iglesia en 1892, véase Robert Peel, Mary Baker Eddy: The Years of Authority (Boston: La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana, 1982), 29-34, y Irving C. Tomlinson, Twelve Years with Mary Baker Eddy, edición aumentada (Boston: La Sociedad Editora de la Ciencia Cristiana, 1996), 148.

[39]
Annie M. Knott, “Discurso al Congreso de publicación”, 7 de octubre de 1921. La colección del Museo Longyear.

[40]
John Dittemore, ex-miembro de la Junta Directiva, entabló una demanda (John V. Dittemore vs. Adam H. Dickey & otros) que puso en entredicho la legalidad de su despido de la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana. (Annie Knott sirvió de su reemplazo.) El litigio tuvo su resolución el 21 de mayo de 1924 a favor de la Junta Directiva, y por extensión, el Manual de La Iglesia Madre. Para más información, véase “El ‘gran litigio’”, en el website de La biblioteca Mary Baker Eddy, 30 de marzo de 2012, accesible aquí online.

[41]
William McKenzie a Annie M. Knott, 23 de mayo de 1924, la colección del Museo Longyear. William McKenzie sería elegido a la Junta Directiva de la Ciencia Cristiana en 1932.